La cámara lúcida

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Extractos del gran libro de Roland Barthes, La cámara lúcida.

Hacía mucho tiempo me habían recomendado “La cámara lúcida”, y por una cosa o por la otra, había atrasado su lectura. Hoy, quiero compartir con ustedes algunas de las frases y párrafos que quedaron grabados en mí. Si tienen la oportunidad de leerlo, aprovechen. Como hace poco publiqué en Facebook, Ansel Adams dijo alguna vez: “No haces una fotografía sólo con una cámara. Traes al acto de fotografía todas las fotos que has visto, los libros que has leído, la música que has escuchado, la gente que has amado.”

¡Disfrútenlo!

“Un caserón, un porche con sombra, unas tejas, una decoración árabe deslucida, un hombre sentado apoyado contra el muro, una calle desierta, un árbol mediterráneo:

esta fotografía antigua me impresiona: es que, ni más ni menos, tengo ganas de vivir allí. Estas ganas se sumergen en mí hasta una profundidad y por medio de unas raíces que desconozco: ¿calor del clima? ¿Mito mediterráneo, apolinismo? ¿Desheredamiento? ¿Jubilación? ¿Anonimato? ¿Nobleza? Sea lo que fuera (de mí mismo, de mis móviles, de mi fantasma), tengo ganas de vivir allí, con tenuidad, y esta tenuidad jamás la foto de turismo puede satisfacerla. Para mí, las fotografías de paisajes deben ser habitables, y no visitables.”

“Ciertos detalles podrían punzarme. Si no lo hacen, es sin duda porque han sido puestos allí intencionalmente por el fotógrafo.”

“La videncia del fotógrafo no consiste en ver, sino en encontrarse allí.”

“Gracias a la marca de algo, la foto deja de ser cualquiera. Ese algo me ha hecho vibrar, ha provocado en mí un pequeño estremecimiento, un satori, el paso de un vacío.”

“Lo que puedo nombrar no puede realmente punzarme. La incapacidad de nombrar es un buen síntoma de trastorno. […] ¿es acaso la mirada, la piel, la posición de las manos, las zapatillas de básquet? El efecto es seguro, pero ilocalizable, no encuentra su signo, su nombre; es tajante, y sin embargo recala en una zona incierta de mí mismo; es agudo y reprimido, grita en silencio. Curiosa contradicción: es un fogonazo que flota.
Nada de extraño, entonces, en que a veces, a pesar de su nitidez, sólo aparezca después, cuando, estando la foto lejos de mi vista, pienso en ella de nuevo.”

“En el fondo -o en el límite- para ver bien una foto vale más levantar la cabeza a cerrar los ojos.”

“Cerrar los ojos es hacer hablar la imagen en silencio.”

“La pornografía representa ordinariamente el sexo, hace de él un objeto inmóvil (un fetiche), incensado como un dios que no se sale de su hornacina; a mi parecer, no hay punctum en la imagen pornográfica; a lo sumo me divierte (y aun: el tedio aparece pronto). La foto erótica, por el contrario (ésta es su condición propia), no hace del sexo un objeto central; puede perfectamente no mostrarlo; arrastra al espectador fuera de su marco, y es así como animo la foto y ella me anima a mí.

El punctum es entonces una especie de sutil más-allá-del-campo, como si la imagen lanzase el deseo más allá de lo que ella misma muestra:

no tan sólo hacia el resto de la desnudez, ni hacia el fantasma de una práctica, sino hacia la excelencia absoluta de un ser, alma, y cuerpo mezclados. Este muchacho de brazo extendido y sonrisa radiante, aunque su belleza no sea en modo alguno académica y esté medio salido de la foto, deportado al extremo hacia un lado del marco, encarna una especie de erotismo alegre: la foto me induce a distinguir el deseo pesado, el de la pornografía, del deseo ligero, del buen deseo, el del erotismo; después de todo, quizás se trate de una cuestión de suerte: la fotografía ha captado la mano del muchacho en su grado óptimo de apertura, en su densidad de abandono: algunos milímetros de más o de menos y el cuerpo intuido no se hubiese ofrecido de forma tan condescendiente.”

“Suele decirse que, a través de su labor progresiva, el duelo va borrando lentamente el dolor; no podía, no puedo creerlo; pues, para mí, el Tiempo elimina la emoción de la pérdida (no lloro), nada más. Para el resto, todo permanece inmóvil. Puesto que lo que he perdido no es una Figura (la Madre), sino un ser; y tampoco un ser, sino una cualidad (un alma): no lo indispensable, sino lo irremplazable. Yo podía vivir sin la Madre (todos lo hacemos, más o menos tarde); pero lo que me quedaba de vida sería por descontado y hasta el final incalificable (sin cualidad).”

“Al mirar una foto incluyo fatalmente en mi mirada el pensamiento de aquel instante, por breve que fuese, en que una cosa real se encontró ante el ojo.

Imputo la inmovilidad de la foto presente a la toma pasada, y esta detención es lo que constituye la pose. Ello explica por qué el noema de la Fotografía se altera cuando esta Fotografía se anima y se convierte en cine: en la Foto algo se ha posado ante el pequeño agujero quedándose en él para siempre (por lo menos éste es mi sentimiento): pero en el cine, algo ha pasado ante ese agujero: la pose es arrebatada y negada por la sucesión continua de las imágenes: es una fenomenología distinta, y por lo tanto otro arte lo que empieza, aunque derive del primero.”

“Suele decirse que fueron los pintores quienes inventaron la Fotografía. Yo afirmo: no, fueron los químicos. Ya que el noema <Esto ha sido> sólo fue posible el día en que una circunstancia científica (el descubrimiento de la sensibilidad a la luz de los haluros de plata) permitió captar e imprimir directamente los rayos luminosos emitidos por un objeto iluminado de modo diverso. […] La luz, aunque impalpable, es aquí un medio carnal, una piel que comparto con aquel o aquella que han sido fotografiados.”

“Toda fotografía es un certificado de presencia.”

“Si una foto me gusta, me trastorna, me entretengo contemplándola. ¿Qué hago durante todo el tiempo que permanezco ahí, ante ella? La miro, la escruto, como si quisiera saber más sobre la cosa o la persona que la foto representa.”

“Si mis esfuerzos son dolorosos, si estoy angustiado, es porque a veces me acerco, me quemo: en tal foto creo percibir los lineamientos de la verdad.”

“Yo he sido mil veces fotografiado;

pero si esos mil fotógrafos no han sabido captar mi aire (y quizás, después de todo, yo no tenga), mi efigie perpetuará (durante el tiempo, por lo demás limitado, que dure el papel) mi identidad, no mi valor. Aplicado a aquel a quien se ama, ese riesgo es desgarrador: durante toda la vida puedo sufrir la frustración de la <imagen verdadera> […] la supervivencia de esta imagen ha sido debida al azar de una vista tomada por un fotógrafo de pueblo que, mediador indiferente y muerto también él tiempo después, no sabía que lo que fijaba era la verdad, la verdad para mí.”

Quizás por eso amo la fotografía. Porque es verdadera.

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Hola! Soy Sol Stryn, fotógrafa con fuertes creencias y amor por lo que hago. Te doy la bienvenida a mi espacio digital, en donde podés aprender sobre fotografía o contratar alguno de mis servicios.

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